4.4.10

El erizo


Puerco espín. Alondra (4 años)

Taller "Cuento, canto y juego" de la rana encantada, en la
Academia de arte Katiana de la Escuela Comunitaria Luisa Goiticoa

Esta obra ya está en Praga gracias a la invitación de los amigos del Taller Plastilinarte

Como regalo de Pascua, les dejamos esta historia fantástica, tierna y entrañable que nos ha prestado Lena Yau desde su blog Mil Orillas. ¡Gracias, Lena!

Abrimos con ella un espacio en la rana encantada para leer historias que nacieron digitales y por eso les gusta pasear de un blog a otro: 1010 lecturas binarias. Una vez al mes tendremos este punto de encuentro.


Un erizo en un bar de Lavapiés

Para el niño pez, niño fruta...mi Pez Fruta.
Para todos los niños.
(Y para los erizos)...



La historia que voy a contar sucedió tal cual la leen.

Una mañana cualquiera un erizo saltó del periódico.

Así de simple.

Primero pensé que era una O muy marcada que no había secado del todo en el papel.

Porque en ese entonces mamá leía el periódico en papel.

Yo me acuerdo.

Ella tensó las páginas y una bolita negra y apretada voló hacia arriba.

Si hubiera sido una gota de tinta no habría rebotado en la mesa.

Dio tres botes y se acomodó al lado del plato con tostadas de mamá.

Sacó a relucir sus pinchos y dijo:

Eh, tú…¿tostadas con tomate? ¿no tienes otra cosa?

Mamá miró al erizo y le contestó.

A ver, son las diez de la mañana. ¿Qué esperabas encontrar? ¿Una paella?

Acercó la nariz al erizo y le preguntó:

¿Qué hace alguien como tú aquí?

¡Eso digo yo! ¡No lo entiendo!

(Yo escuchaba todo desde mi trona. Ya caminaba pero me gustaba desayunar allí porque era amarilla y tenía un juego de armar muy chulo).

El erizo explicó.

Yo estaba caminando muy tranquilo.
Daba un paseo por Lavapiés.
Vi un letrero que decía Bar-berie y pensé que podía entrar a que me igualaran los pinchos.
Me trepé a una banqueta y vi un mostrador.
No había tijeras, brochas o espuma sino montados y tapas de toda clase.
¡Qué bien!, pensé. ¡Tengo hambre! Los pinchos pueden esperar.
No! ¡No pueden! ¡Pinchos en la cabeza y pintxos para comer!
¡Qué lío!
Pensaba en pedir una de bravas y un revuelto de ajetes cuando una fuerza me succionó.
Y de la barra del bar, caí en esta mesa tan sosa.

¡Un respeto!

Perdona pero es que al tomate no le has puesto ni aceite.

Mamá veía al erizo sin saber muy bien qué hacer.

Me dijo: Pez…¿has visto esto? Leyendo algunos cuentos de Cortázar me imaginé a los cronopios como a este erizo. Para mí eran erizos de estambre. Cuando los leas, recordarás esta historia.

Jo, dijo el erizo…qué casualidad…yo me llamo Cronos.

¿Cómo llega un erizo a un bar en pleno Lavapiés?

Vaya pregunta…abrí la puertecilla de la jaula y me escapé.

Esperé a que abrieran la puerta del piso, luego la del portal y a la chita callando, me fui andando. Como soy pequeño nadie se dio cuenta.

Mamá cogió al erizo y lo dejo caer suavemente sobre la palma de la mano.

¿Una jaula? No entiendo ¡Querrás decir una pecera! Los erizos no usan jaula.

No deberíamos, no. Ni jaula, ni pecera. Mírame bien…¡soy un erizo de tierra!

Un erizo de tierra…jajaja…escucha bien esto Pez Fruta.
Ya sé cómo llegó Cronos aquí.
Leía en el periódico que hubo un jaleo en Lavapiés porque se encontraron a un erizo caminando por la calle. Leía y releía la frase sin poder entenderla:
¿Cómo camina un erizo?
¿Cómo llegó a Madrid si el mar queda tan lejos?
Mientras más leía más me confundía.

Mamá me leyó en voz alta:

“Carlos W. y su mujer Nelly D. dueños del Bar-berie le dieron de comer al animal. Cuando las autoridades procedieron a hacer cumplir la ley, devolver al animal a su legítimo dueño, los hosteleros se resistieron a entregar al animal”.

Justo en esa frase, estornudé, abrí los brazos, estiré las páginas del periódico y saliste volando, cayendo aquí.

¿Por qué no entendías? ¿No has oído hablar de los erizos de tierra? Somos muchos. Y nadie nos pone ese apellido, de tierra, nos llaman erizos a secas.

Mamá nos habló a los dos:

En el trópico, un erizo como tú, se llama puerco espín.

¡Eh! ¡Que los erizos somos muy limpios! ¡Que nos lavamos todos los días!

Ya. Pero así se llaman. Y normalmente no viven en jaulas y no están cerca de las ciudades. Viven sueltos, a su aire, en el campo.

¿Y no conocen los pintxos? ¿los montados? ¿las bravas? ¿las cañas? ¿las pulgas?

No. Al menos las que tú conoces no. Venga. Regresa a tu historia. Quizás termines adoptado por los dueños del bar.

¡Vale! Adiós Pez Fruta. Adiós, Lena. Si pasáis por Lavapiés id a verme.

El erizó planchó sus pinchos hacia atrás.

Mamá cogió a la bolita negra y la dejó caer en el papel.

Abrió un libro y me leyó:

“El canguro Tristán volaba en un globo…”

- Mamá: ¿qué es un canguro?

- Es un animal muy gracioso que vive en Australia y salta muy alto.

- Pero también es un plátano ¿verdad?

- No cariño. Estás confundiendo un canguro con un cambur.


“El globo se estropeó y el canguro Tristán lo llevó a un mecánico”.


- Mami: ¡Yo sé que es un mecánico!

- ¿Qué es, Brufi?

- ¡Un barco muy grande que choca con hielo y se hunde!

- Nooooooo, jajajaja, ese es el Titanic.


Mamá siguió leyendo y aparecieron muchas palabras nuevas.

Eso pasó hace mucho.

Pero ya te dije que yo me acuerdo.

Ya no como en la trona aunque conservo el puzle.

Sé conducir bici sin ruedines, patinete y patines en línea.

Mudé tres dientes de leche.

Y no entiendo por qué en una peli que se llama “Cantando bajo la lluvia” no ponen “It´s raining again” que es una canción que mi mamá me presta.
..........................................

Pez, vas a llegar tarde al cole…¿con quién hablas?

Con el futuro, contesta, mientras apunta al espejo. Mi amigo el futuro.

(Me estremezco al leer lo último que apunté en mi libreta: “Los límites de mi lengua son los límites de mi mundo”).

L. Wittgenstein y el Pez Fruta saben cosas que yo no sé.



La historia es de Lena Yau y fue publicada originalmente en el blog Mil orillas. Como nos gustó tanto le pedimos permiso para compartirla y ella, con mucho ánimo y alegría, nos dejó. Si les ha gustado, por favor déjenle aquí una notita para que sepa y pasen a visitarla...

2 comentarios:

Verónica Petersen Rivas (Caracas) dijo...

Hola Rana Encantada, este cuento me gustó y también me sorprendió pues yo conozco a un Carlos W. y a su mujer Nelly D., y esos nombres me saltaron a la vista mientras leía. Y no sé si se trata de una coincidencia, o más bien de esas cosas mágicas que pasan cuando uno entra a mundos como éste.
Saludos.
Verónica Petersen

Lin dijo...

¡Qué coincidencia! La ficción se emparenta con la realidad de una manera tan cercana a veces que sorprende.
Es una alegría leer tu comentario y que te haya gustado la historia de Lena, quien se prestó con tanto entusiasmo para abrir el camino de las lecturas binarias del 1010.
Gracias por tomarte un minutico para compartir.
¡Saludos!
:)