12.9.08

Lecturas venezolanas, un antiguo acompañante


Portada de la edición de 1953

Siempre que se reinician las clases en Venezuela, vuelvo a uno de mis libros entrañables. Tendría aproximadamente 8 años cuando, aburrida de los cuentos propios para mi edad que había terminado en los escasos primeros días de vacaciones en Barquisimeto y ávida de leer más allá, descubrí en la biblioteca de mi abuela un ejemplar olvidado de Lecturas Venezolanas, de Mario Briceño Iragorry. El libro me acompañó las siguientes semanas y tanto me aficionó su lectura, que pedí me lo regalaran. Aún hoy, amarillento y desprendido, lo conservo como un tesoro. En una asignación académica me pidieron analizar un libro del siglo pasado, que tuviera un valor especial para mí, y éste fue el elegido. El análisis iba más hacia los aspectos formales del libro, que a continuación resumo.

Lecturas Venezolanas es un libro de edición rústica, papel grueso mate, cosido, apaisado, de apenas 20 x 15 cms y 417 páginas sin ilustraciones para los textos. Las imágenes que ofrece sirven de viñetas para la presentación de cada capítulo, en los cuales, por tema, se tratan diferentes aspectos de la formación ciudadana como la patria, la naturaleza, el hogar o la religión. Las imágenes están completamente separadas del texto, aportando más bien una atmósfera genérica para lo que se encontrará en cada capítulo en el que está dividida la propuesta de la obra. Las guardas del libro son estrictamente funcionales, sólo tienen impreso el título del libro, seguidas de los créditos de impresión y encuadernación, correspondientes a Impresos Alonso, Fray Luis de León, Madrid, 1953.

La dedicatoria del libro nos adelanta lo que su prólogo confirma, es un libro que desea formar y entretener. Está dedicado a los maestros de primaria de la escuela donde estudió el autor. Sigue entonces una nota editorial con las obras publicadas de Mario Briceño Iragorry y continúa con la portadilla, más elaborada en su diagramación. El título en mayúsculas, ocupa el encabezado de la página, seguida por una nota explicativa "colección de páginas literarias, de escritores nacionales, antiguos y modernos". A continuación en el prólogo, que no es uno, sino que el libro contiene los prólogos de las ediciones anteriores, podemos observar que la primera edición data de 1926 y la que tengo en mis manos de 1953. En el leemos:



“(...) procurar que en nuestras escuelas se tengan a mano trozos de literarios de nuestros escritores, para que el niño se familiarice con ellos. (…) En la selección hemos procurado también que las páginas tengan la sencillez de la lectura propia para el fin principal al que se dirige, y así nos hemos visto precisados a escoger páginas juveniles de nuestros grandes maestros.”


“(…) honrada por la recomendación oficial como texto para las ramas primaria, secundaria y normalista de la educación general.”


El tono de los textos seleccionados sigue fiel a su función narrativa original, sin adaptaciones edulcoradas destinadas a un público menor. Estos textos, de autores venezolanos, son acompañados por una breve nota biográfica de cada uno de ellos, resaltando sus logros más relevantes tanto literariamente como en su rol de ciudadanos. No existe referencia a la autoría de las ilustraciones que acompañan el inicio de cada capítulo,la casa editorial es Ediciones EDIME, Madrid – Caracas. El libro era usado como libro de lectura escolar entre la décadas del ’26 y ’50 del siglo XX.

En él encontramos textos de Pedro Emilio Coll, Tulio Febres Cordero, Pérez Bonalde, Teresa de la Parra, Andrés Eloy Blanco y Andrés Bello, entre otros. Aunque la totalidad de su contenido no se ajustaría a las recomendaciones actuales para niños en etapa de primaria, para mí guarda una especial significación que hace de Lecturas venezolanas un libro entrañable. Era el libro de lectura de mi mamá, que luego usaron mis tías; que, libremente, escogí leer en mis vacaciones de lectora en marcha y que formó en parte mi percepción estética de la literatura. Muchas veces me descubro declamando en mis pensamientos La Oración por todos o reencontrándome con Caribay, en pos de Las cinco águilas blancas.

Referencia bibliográfica:
Mario Briceño Iragorry. Lecturas Venezolanas. Ediciones Edime. Madrid – Caracas. 1953.