12.1.16

Perrault de todos los días

Cuentos de Perrault
Círculo de Lectores
Barcelona, 1967



El 12 de enero de 1628 nació en París Charles Perrault. Y ese nombre nos cuenta mucho, porque crecimos escuchando y leyendo sus historias. Esas historias las escribió a los 55 años en un volumen que tituló Cuentos del pasado, que luego se conocería como Cuentos de mamá gansa porque en la cubierta del libro esa era la ilustración que había.

Todavía conservamos nuestro libro de infancia, editado por el Círculo de lectores en 1967 e ilustrado por Ballestar, al que regresamos una y otra vez con la misma alegría y emoción de la primera. 

Entre los cuentos más conocidos están en esta antología Caperucita Roja, Pulgarcito, La Cenicienta, Barba Azul, El gato con botas y La bella durmiente

Nuestros favoritos siguen siendo Piel de Asno, Griselda y La princesa sagaz o las aventuras de Picarilla; tres cuentos donde las princesas eran las dueñas de su destino y obraban para alcanzar lo que deseaban. Así que viéndolo bien, de allí venimos saltando haciendo para hacer lo que nos gusta... 
:)

Y con ustedes,  Piel de asno

Ilustración: Ballestar


Érase una vez un rey tan famoso, tan amado por su pueblo, tan respetado por todos sus vecinos, que de él podía decirse que era el más feliz de los monarcas. Su dicha se confirmaba aún más por la elección que hiciera de una princesa tan bella como virtuosa; y estos felices esposos vivían en la más perfecta unión. De su casto himeneo había nacido una hija dotada de encantos y virtudes tales que no se lamentaban de tan corta descendencia.
La magnificencia, el buen gusto y la abundancia reinaban en su palacio. Los ministros eran hábiles y prudentes; los cortesanos virtuosos y leales, los servidores fieles y laboriosos. Sus caballerizas eran grandes y llenas de los más hermosos caballos del mundo, ricamente enjaezados. Pero lo que asombraba a los visitantes que acudían a admirar estas hermosas cuadras, era que en el sitio más destacado un señor asno exhibía sus grandes y largas orejas. Y no era por capricho sino con razón que el rey le había reservado un lugar especial y destacado. Las virtudes de este extraño animal merecían semejante distinción, pues la naturaleza lo había formado de modo tan extraordinario que su pesebre, en vez de suciedades, se cubría cada mañana con hermosos escudos y luises* de todos tamaños, que eran recogidos a su despertar.
Pues bien, como las vicisitudes de la vida alcanzan tanto a los reyes como a los súbditos, y como siempre los bienes están mezclados con algunos males, el cielo permitió que la reina fuese aquejada repentinamente de una penosa enfermedad para la cual, pese a la ciencia y a la habilidad de los médicos, no se pudo encontrar remedio.
La desolación fue general. El rey, sensible y enamorado a pesar del famoso proverbio que dice que el matrimonio es la tumba del amor, sufría sin alivio, hacía encendidos votos a todos los templos de su reino, ofrecía su vida a cambio de la de su esposa tan querida; pero dioses y hadas eran invocados en vano.
La reina, sintiendo que se acercaba su última hora, dijo a su esposo que estaba deshecho en llanto:
-Permíteme, antes de morir, que te exija una cosa, si quisieras volver a casarte...
A estas palabras el rey, con quejas lastimosas, tomó las manos de su mujer, las bañó de lágrimas, y asegurándole que estaba de más hablarle de un segundo matrimonio:
-No, no -dijo por fin- mi amada reina, háblame más bien de seguirte.
-El Estado -repuso la reina con una firmeza que aumentaba las lamentaciones de este príncipe-, el Estado que exige sucesores ya que sólo te he dado una hija, debe apremiarte para que tengas hijos que se te parezcan; mas te ruego, por todo el amor que me has tenido, no ceder a los apremios de tus súbditos sino hasta que encuentres una princesa más bella y mejor que yo. Quiero tu promesa, y entonces moriré contenta.
Es de presumir que la reina, que no carecía de amor propio, había exigido esta promesa convencida de que nadie en el mundo podía igualarla, y se aseguraba de este modo que el rey jamás volviera a casarse. Finalmente, ella murió. Nunca un marido hizo tanto alarde: llorar, sollozar día y noche, menudo derecho que otorga la viudez, fue su única ocupación.
Los grandes dolores son efímeros. Además, los consejeros del Estado se reunieron y en conjunto fueron a pedirle al rey que volviera a casarse.
Esta proposición le pareció dura y le hizo derramar nuevas lágrimas. Invocó la promesa hecha a la reina, y los desafió a todos a encontrar una princesa más hermosa y más perfecta que su difunta esposa, pensando que aquello era imposible.
Pero el consejo consideró tal promesa como una bagatela, y opinó que poco importaba la belleza, con tal que una reina fuese virtuosa y nada estéril; que el Estado exigía príncipes para su tranquilidad y paz; que, a decir verdad, la infanta tenía todas las cualidades para hacer de ella una buena reina, pero era preciso elegirle a un extranjero por esposo; y que entonces, o el extranjero se la llevaba con él o bien, si reinaba con ella, sus hijos no serían considerados del mismo linaje y además, no habiendo príncipe de su dinastía, los pueblos vecinos podían provocar guerras que acarrearían la ruina del reino. El rey, movido por estas consideraciones, prometió que lo pensaría.
Efectivamente, buscó entre las princesas casaderas cuál podría convenirle. A diario le llevaban retratos atractivos; pero ninguno exhibía los encantos de la difunta reina. De este modo, no tomaba decisión alguna.
Por desgracia, empezó a encontrar que la infanta, su hija, era no solamente hermosa y bien formada, sino que sobrepasaba largamente a la reina su madre en inteligencia y agrado. Su juventud, la atrayente frescura de su hermosa piel, inflamó al rey de un modo tan violento que no pudo ocultárselo a la infanta, diciéndole que había resuelto casarse con ella pues era la única que podía desligarlo de su promesa.
La joven princesa, llena de virtud y pudor, creyó desfallecer ante esta horrible proposición. Se echó a los pies del rey su padre, y le suplicó con toda la fuerza de su alma, que no la obligara a cometer un crimen semejante.
El rey, que estaba empecinado con este descabellado proyecto, había consultado a un anciano druida, para tranquilizar la conciencia de la joven princesa. Este druida, más ambicioso que religioso, sacrificó la causa de la inocencia y la virtud al honor de ser confidente de un poderoso rey. Se insinuó con tal destreza en el espíritu del rey, le suavizó de tal manera el crimen que iba a cometer, que hasta lo persuadió de estar haciendo una obra pía al casarse con su hija.
El rey, halagado por el discurso de aquel malvado, lo abrazó y salió más empecinado que nunca con su proyecto: hizo dar órdenes a la infanta para que se preparara a obedecerle.
La joven princesa, sobrecogida de dolor, pensó en recurrir a su madrina, el hada de las Lilas. Con este objeto, partió esa misma noche en un lindo cochecito tirado por un cordero que sabía todos los caminos. Llegó a su destino con toda felicidad. El hada, que amaba a la infanta, le dijo que ya estaba enterada de lo que venía a decirle, pero que no se preocupara: nada podía pasarle si ejecutaba fielmente todo lo que le indicaría.
-Porque, mi amada niña -le dijo- sería una falta muy grave casarte con tu padre; pero, sin necesidad de contradecirlo, puedes evitarlo: dile que para satisfacer un capricho que tienes, es preciso que te regale un vestido color del tiempo. Jamás, con todo su amor y su poder, podrá lograrlo.
La princesa le dio las gracias a su madrina, y a la mañana siguiente le dijo al rey su padre lo que el hada le había aconsejado y reiteró que no obtendrían de ella consentimiento alguno hasta tener el vestido color del tiempo.
El rey, encantado con la esperanza que ella le daba, reunió a los más famosos costureros y les encargó el vestido bajo la condición de que si no eran capaces de realizarlo los haría ahorcar a todos.
No tuvo necesidad de llegar a ese extremo: a los dos días trajeron el tan ansiado traje. El firmamento no es de un azul más bello, cuando lo circundan nubes de oro, que este hermoso vestido al ser desplegado. La infanta se sintió toda acongojada y no sabía cómo salir del paso. El rey apremiaba la decisión. Hubo que recurrir nuevamente a la madrina quien, asombrada porque su secreto no había dado resultado, le dijo que tratara de pedir otro vestido del color de la luna.
El rey, que nada podía negarle a su hija, mandó buscar a los más diestros artesanos, y les encargó en forma tan apremiante un vestido del color de la luna, que entre ordenarlo y traerlo no mediaron ni veinticuatro horas. La infanta, más deslumbrada por este soberbio traje que por la solicitud de su padre, se afligió desmedidamente cuando estuvo con sus damas y su nodriza.
El hada de las Lilas, que todo lo sabía, vino en ayuda de la atribulada princesa y le dijo:
-O me equivoco mucho, o creo que si pides un vestido color del sol lograremos desalentar al rey tu padre, pues jamás podrán llegar a confeccionar un vestido así.
La infanta estuvo de acuerdo y pidió el vestido; y el enamorado rey entregó sin pena todos los diamantes y rubíes de su corona para ayudar a esta obra maravillosa, con la orden de no economizar nada para hacer esta prenda semejante al sol. Fue así que cuando el vestido apareció, todos los que lo vieron desplegado tuvieron que cerrar los ojos, tan deslumbrante era.
¡Cómo se puso la infanta ante esta visión! Jamás se había visto algo tan hermoso y tan artísticamente trabajado. Se sintió confundida; y con el pretexto de que a la vista del traje le habían dolido los ojos, se retiró a su aposento donde el hada la esperaba, de lo más avergonzada. Fue peor aún, pues al ver el vestido color del sol, se puso roja de ira.
-¡Oh!, como último recurso, hija mía, -le dijo a la princesa- vamos a someter al indigno amor de tu padre a una terrible prueba. Lo creo muy empecinado con este matrimonio, que él cree tan próximo; pero pienso que quedará un poco aturdido si le haces el pedido que te aconsejo: la piel de ese asno que ama tan apasionadamente y que subvenciona tan generosamente todos sus gastos. Ve, y no dejes de decirle que deseas esa piel.
La princesa, encantada de encontrar una nueva manera de eludir un matrimonio que detestaba, y pensando que su padre jamás se resignaría a sacrificar su asno, fue a verlo y le expuso su deseo de tener la piel de aquel bello animal.
Aunque extrañado por este capricho, el rey no vaciló en satisfacerlo. El pobre asno fue sacrificado y su piel galantemente llevada a la infanta quien, no viendo ya ningún otro modo de esquivar su desgracia, iba a caer en la desesperación cuando su madrina acudió.
-¿Qué haces, hija mía? -dijo, viendo a la princesa arrancándose los cabellos y golpeándose sus hermosas mejillas-. Este es el momento más hermoso de tu vida. Cúbrete con esta piel, sal del palacio y parte hasta donde la tierra pueda llevarte: cuando se sacrifica todo a la virtud, los dioses saben recompensarlo. ¡Parte! Yo me encargo de que todo tu tocador y tu guardarropa te sigan a todas partes; dondequiera que te detenga, tu cofre conteniendo vestidos, alhajas, seguirá tus pasos bajo tierra; y he aquí mi varita, que te doy: al golpear con ella el suelo cuando necesites tu cofre, éste aparecerá ante tus ojos. Mas, apresúrate en partir, no tardes más.
La princesa abrazó mil veces a su madrina, le rogó que no la abandonara, se revistió con la horrible piel luego de haberse refregado con hollín de la chimenea, y salió de aquel suntuoso palacio sin que nadie la reconociera.
La ausencia de la infanta causó gran revuelo. El rey, que había hecho preparar una magnífica fiesta, estaba desesperado e inconsolable. Hizo salir a más de cien guardias y más de mil mosqueteros en busca de su hija; pero el hada, que la protegía, la hacía invisible a los más hábiles rastreos. De modo que al fin hubo que resignarse.
Mientras tanto, la princesa caminaba. Llegó lejos, muy lejos, todavía más lejos, en todas partes buscaba un trabajo. Pero, aunque por caridad le dieran de comer, la encontraban tan mugrienta qué nadie la tomaba.
Andando y andando, entró a una hermosa ciudad, a cuyas puertas había una granja; la granjera necesitaba una sirvienta para lavar la ropa de cocina, y limpiar los pavos y las pocilgas de los puercos. Esta mujer, viendo a aquella viajera tan sucia; le propuso entrar a servir a su casa, lo que la infanta aceptó con gusto, tan cansada estaba de todo lo que había caminado.
La pusieron en un rincón apartado de la cocina donde, durante los primeros días, fue el blanco de las groseras bromas de la servidumbre, así era la repugnancia que inspiraba su piel de asno.
Al fin se acostumbraron; además, ella ponía tanto empeño en cumplir con sus tareas que la granjera la tomó bajo su protección. Estaba encargada de los corderos, los metía al redil cuando era preciso: llevaba a los pavos a pacer, todo con una habilidad como si nunca hubiese hecho otra cosa. Así pues, todo fructificaba bajo sus bellas manos.
Un día estaba sentada junto a una fuente de agua clara, donde deploraba a menudo su triste condición. Se le ocurrió mirarse: la horrible piel de asno que constituía su peinado y su ropaje, la espantó. Avergonzada de su apariencia, se refregó hasta que se sacó toda la mugre de la cara y de las manos, las que quedaron más blancas que el marfil, y su hermosa tez recuperó su frescura natural.
La alegría de verse tan bella le provocó el deseo de bañarse, lo que hizo; pero tuvo que volver a ponerse la indigna piel para volver a la granja. Felizmente, el día siguiente era de fiesta; así pues, tuvo tiempo para sacar su cofre, arreglar su apariencia, empolvar sus hermosos cabellos y ponerse su precioso traje color del tiempo. Su cuarto era tan pequeño que no se podía extender la cola de aquel magnífico vestido. La linda princesa se miraba y se admiraba a sí misma con razón, de modo que, para no aburrirse, decidió ponerse por turno todas sus hermosas tenidas los días de fiesta y los domingos, lo que hacía puntualmente. Con un arte admirable, adornaba sus cabellos mezclando flores y diamantes; a menudo suspiraba pensando que los únicos testigos de su belleza eran sus corderos y sus pavos que la amaban igual con su horrible piel de asno, que había dado origen al apodo con que la nombraban en la granja.
Un día de fiesta en que Piel de Asno se había puesto su vestido color del sol, el hijo del rey, a quien pertenecía esta granja, hizo allí un alto para descansar al volver de caza. El príncipe era joven, hermoso y apuesto; era el amor de su padre y de la reina su madre, y su pueblo lo adoraba. Ofrecieron a este príncipe una colación campestre, que él aceptó; luego se puso a recorrer los gallineros y todos los rincones.
Yendo así de un lugar a otro entró por un callejón sombrío al fondo del cual vio una puerta cerrada. Llevado por la curiosidad, puso el ojo en la cerradura. ¿pero qué le pasó al divisar a una princesa tan bella y ricamente vestida, que por su aspecto noble y modesto, él tomó por una diosa? El ímpetu del sentimiento que lo embargó en ese momento lo habría llevado a forzar la puerta, a no mediar el respeto que le inspirara esta persona maravillosa.
Tuvo que hacer un esfuerzo para regresar por ese callejón oscuro y sombrío, pero lo hizo para averiguar quién vivía en ese pequeño cuartito. Le dijeron que era una sirvienta que se llamaba Piel de Asno a causa de la piel con que se vestía; y que era tan mugrienta y sucia que nadie la miraba ni le hablaba, y que la habían tomado por lástima para que cuidara los corderos y los pavos.
El príncipe, no satisfecho con estas referencias, se dio cuenta de que estas gentes rudas no sabían nada más y que era inútil hacerles más preguntas. Volvió al palacio del rey su padre, indeciblemente enamorado, teniendo constantemente ante sus ojos la imagen de esta diosa que había visto por el ojo de la cerradura. Se lamentó de no haber golpeado a la puerta, y decidió que no dejaría de hacerlo la próxima vez.
Pero la agitación de su sangre, causada por el ardor de su amor, le provocó esa misma noche una fiebre tan terrible que pronto decayó hasta el más grave extremo. La reina su madre, que tenía este único hijo, se desesperaba al ver que todos los remedios eran inútiles. En vano prometía las más suntuosas recompensas a los médicos; éstos empleaban todas sus artes, pero nada mejoraba al príncipe. Finalmente, adivinaron que un sufrimiento mortal era la causa de todo este daño; se lo dijeron a la reina quien, llena de ternura por su hijo, fue a suplicarle que contara la causa de su mal; y aunque se tratara de que le cedieran la corona, el rey su padre bajaría de su trono sin pena para hacerlo subir a él; que si deseaba a alguna princesa, aunque se estuviera en guerra con el rey su padre y hubiese justos motivos de agravio, sacrificarían todo para darle lo que deseaba; pero le suplicaba que no se dejara morir, puesto que de su vida dependía la de sus padres. La reina terminó este conmovedor discurso no sin antes derramar un torrente de lágrimas sobre el rostro de su hijo.
-Señora -le dijo por fin el príncipe, con una voz muy débil- no soy tan desnaturalizado como para desear la corona de mi padre; ¡quiera el cielo que él viva largos años y me acepte durante mucho tiempo como el más respetuoso y fiel de sus súbditos! En cuanto a las princesas que me ofreces; aún no he pensado en casarme; y bien sabes que, sumiso como soy a sus voluntades, los obedeceré siempre, a cualquier precio.
-¡Ah!, hijo mío -repuso la reina- ningún precio es muy alto para salvarte la vida; mas, querido hijo, salva la mía y la del rey tu padre, diciéndome lo que deseas, y ten la plena seguridad que te será acordado.
-¡Pues bien!, señora -dijo él- si tengo que descubrirte mi pensamiento, te obedeceré. Me sentiría un criminal si pongo en peligro dos cabezas que me son tan queridas. Sí, madre mía, deseo que Piel de Asno me haga una torta y tan pronto como esté hecha, me la traigan.
La reina, sorprendida ante este extraño nombre, preguntó quién era Piel de Asno.
-Es, señora -replicó uno de sus oficiales que por casualidad había visto a esa niña-, la sabandija más vil después del lobo; una mugrienta que vive en la granja de usted y que cuida sus pavos.
-No importa -dijo la reina-, mi hijo, al volver de caza, ha probado tal vez su pastelería; es una fantasía de enfermo. En una palabra, quiero que Piel de Asno, puesto que de Piel de Asno se trata, le haga ahora mismo una torta.
Corrieron a la granja y llamaron a Piel de Asno para ordenarle que hiciera con el mayor esmero una torta para el príncipe.
Algunos autores sostienen que Piel de Asno, cuando el príncipe había puesto sus ojos en la cerradura, con los suyos lo había visto; y que en seguida, mirando por su ventanuco, había mirado a aquel príncipe tan joven, tan hermoso y bien plantado que no había podido olvidar su imagen y que a menudo ese recuerdo le arrancaba suspiros.
Como sea, si Piel de Asno lo vio o había oído decir de él muchos elogios, encantada de hallar una forma para darse a conocer, se encerró en su cuartucho, se sacó su fea piel, se lavó manos y rostro, peinó sus rubios cabellos, se puso un corselete de plata brillante, una falda igual, y se puso a hacer la torta tan apetecida: usó la más pura harina, huevos y mantequilla fresca. Mientras trabajaba, ya fuera adrede o de otra manera, un anillo que llevaba en el dedo cayó dentro de la masa y se mezcló a ella. Cuando la torta estuvo cocida, se colocó su horrible piel y fue a entregar la torta al oficial, a quien le preguntó por el príncipe; pero este hombre, sin dignarse contestar, corrió donde el príncipe a llevarle la torta.
El príncipe la arrebató de manos de aquel hombre y se la comió con tal avidez que los médicos presentes no dejaron de pensar que este furor no era buen signo. En efecto, el príncipe casi se ahogó con el anillo que encontró en uno de los pedazos, pero se lo sacó diestramente de la boca; y el ardor con que devoraba la torta se calmó, al examinar esta fina esmeralda montada en un junquillo de oro cuyo círculo era tan estrecho que, pensó él, sólo podía caber en el más hermoso dedito del mundo.
Besó mil veces el anillo, lo puso bajo sus almohadas, y lo sacaba cada vez que sentía que nadie lo observaba. Se atormentaba imaginando cómo hacer venir a aquélla a quien este anillo le calzara; no se atrevía a creer, si llamaba a Piel de Asno que había hecho la torta, que le permitieran hacerla venir; no se atrevía tampoco a contar lo que había visto por el ojo de la cerradura temiendo ser objeto de burla y tomado por un visionario; acosado por todos estos pensamientos simultáneos, la fiebre volvió a aparecer con fuerza. Los médicos, no sabiendo ya qué hacer, declararon a la reina que el príncipe estaba enfermo de amor. La reina acudió donde su hijo acompañada del rey que se desesperaba.
-Hijo mío, hijo querido -exclamó el monarca afligido- nómbranos a la que quieres. Juramos que te la daremos, aunque fuese la más vil de las esclavas.
Abrazándolo, la reina le reiteró la promesa del rey. El príncipe, enternecido por las lágrimas y caricias de los autores de sus días, les dijo:
-Padre y madre míos, no me propongo hacer una alianza que les disguste. Y en prueba de esta verdad -añadió, sacando la esmeralda que escondía bajo la cabecera- me casaré con aquella a quien le venga este anillo; y no parece que la que tenga este precioso dedo sea una campesina ordinaria.
El rey y la reina tomaron el anillo, lo examinaron con curiosidad, y pensaron, al igual que el príncipe, que este anillo no podía quedarle bien sino a una joven de alta alcurnia. Entonces el rey, abrazando a su hijo y rogándole que sanara, salió, hizo tocar los tambores, los pífanos y las trompetas por toda la ciudad, y anunciar por los heraldos que no tenían más que venir al palacio a probarse el anillo; y aquella a quien le cupiera justo se casaría con el heredero del trono.
Las princesas acudieron primero, luego las duquesas, las marquesas y las baronesas; pero por mucho que se hubieran afinado los dedos, ninguna pudo ponerse el anillo. Hubo que pasar a las modistillas que, con ser tan bonitas, tenían los dedos demasiado gruesos. El príncipe, que se sentía mejor, hacía él mismo probar el anillo.
Al fin les tocó el turno a las camareras, que no tuvieron mejor resultado. Ya no quedaba nadie que no hubiese ensayado infructuosamente la joya, cuando el príncipe pidió que vinieran las cocineras, las ayudantes, las cuidadoras de rebaños. Todas acudieron, pero sus dedos regordetes; cortos y enrojecidos no dejaron pasar el anillo más allá de la una.
-¿Hicieron venir a esa Piel de Asno que me hizo una torta en días pasados? -preguntó el príncipe.
Todos se echaron a reír y le dijeron que no, era demasiado inmunda y repulsiva.
-¡Que la traigan en el acto! -dijo el rey-. No se dirá que yo haya hecho una excepción.
La princesa, que había escuchado los tambores y los gritos de los heraldos, se imaginó muy bien que su anillo era lo que provocaba este alboroto. Ella amaba al príncipe y como el verdadero amor es timorato y carece de vanidad, continuamente la asaltaba el temor de que alguna dama tuviese el dedo tan menudo como el suyo. Sintió, pues, una gran alegría cuando vinieron a buscarla y golpearon a su puerta.
Desde que supo que buscaban un dedo adecuado a su anillo, no se sabe qué esperanza la había llevado a peinarse cuidadosamente y a ponerse su hermoso corselete de plata con la falda llena de adornos de encaje de plata, salpicados de esmeraldas. Tan pronto como oyó que golpeaban a su puerta y que la llamaban para presentarse ante el príncipe, se cubrió rápidamente con su piel de asno, abrió su puerta y aquellas gentes, burlándose de ella, le dijeron que el rey la llamaba para casarla con su hijo. Luego, en medio de estruendosas risotadas, la condujeron donde el príncipe quien, sorprendido él mismo por el extraño atavío de la joven, no se atrevió a creer que era la misma que había visto tan elegante y bella. Triste y confundido por haberse equivocado, le dijo:
-¿Eres tú la que habita al fondo de ese callejón oscuro, en el tercer gallinero de la granja?
-Sí, su señoría -respondió ella.
-Muéstrame tu mano -dijo él temblando y dando un hondo suspiro.
¡Señores! ¿quién quedó asombrado? Fueron el rey y la reina, así como todos los chambelanes y los grandes de la corte, cuando de adentro de esa piel negra y sucia, se alzó una mano delicada, blanca y sonrosada, y el anillo entró sin esfuerzo en el dedito más lindo del mundo; y, mediante un leve movimiento que hizo caer la piel, la infanta apareció de una belleza tan deslumbrante que el príncipe, aunque todavía estaba débil, se puso a sus pies y le estrechó las rodillas con un ardor que a ella la hizo enrojecer. Pero casi no se dieron cuenta pues el rey y la reina fueron a abrazar a la princesa, pidiéndole si quería casarse con su hijo.
La princesa, confundida con tantas caricias y ante el amor que le demostraba el joven príncipe, iba, sin embargo, a darles las gracias, cuando el techo del salón se abrió, y el hada de las Lilas, bajando en un carro hecho de ramas y de las flores de su nombre, contó, con infinita gracia, la historia de la infanta.
El rey y la reina, encantados al saber que Piel de Asno era una gran princesa, redoblaron sus muestras de afecto; pero el príncipe fue más sensible ante la virtud de la princesa, y su amor creció al saberlo. La impaciencia del príncipe por casarse con la princesa fue tanta, que a duras penas dio tiempo para los preparativos apropiados a este augusto matrimonio.
El rey y la reina, que estaban locos con su nuera, le hacían mil cariños y siempre la tenían abrazada. Ella había declarado que no podía casarse con el príncipe sin el consentimiento del rey su padre. De modo que fue el primero a quien le enviaran una invitación, sin decirle quién era la novia; el hada de las Lilas, que supervigilaba todo, como era natural, lo había exigido a causa de las consecuencias.
Vinieron reyes de todos los países; unos en silla de manos, otros en calesa, unos más distantes montados sobre elefantes, sobre tigres, sobre águilas: pero el más imponente y magnífico de los ilustres personajes fue el padre de la princesa quien, felizmente, había olvidado su amor descarriado y contraído nupcias con una viuda muy hermosa que no le había dado hijos.
La princesa corrió a su encuentro; él la reconoció en el acto y la abrazó con una gran ternura, antes de que ella tuviera tiempo de echarse a sus pies. El rey y la reina le presentaron a su hijo, a quien colmó de amistad. Las bodas se celebraron con toda pompa imaginable. Los jóvenes esposos, poco sensibles a estas magnificencias, sólo tenían ojos para ellos mismos.
El rey, padre del príncipe, hizo coronar a su hijo ese mismo día y, besándole la mano, lo puso en el trono, pese a la resistencia de aquel hijo bien nacido; pero había que obedecer.
Las fiestas de esta ilustre boda duraron cerca de tres meses y el amor de los dos esposos todavía duraría si los dos no hubieran muerto cien años después.
MORALEJA
El cuento de Piel de Asno parece exagerado; 
pero mientras existan en el mundo criaturas 
y haya madres y abuelas que narren aventuras, 
estará su recuerdo conservado.
FIN

9.1.16

Contando(nos) en El Universal

Gracias a El Universal, a Dalia y al señor Vicente por esta bonita nota en "Historias de vida". 

su publicación acompaña a un día de muchas emociones; alegrías y despedidas en una misma jornada, y se convierte en un homenaje a una persona que fue una gran influencia en nuestras vidas. A quien le debemos parte de nuestro amor a los libros, pero más aún el compromiso que legó con su ejemplo de rectitud y coherencia

A Demetrio Boersner, tío entrañable y ejemplo universal.


"Con la narración oral se fomenta el diálogo y la empatía"

Linsabel Noguera promueve el arte y la literatura en niños y jóvenes


sábado 9 de enero de 2016  12:00 AM


Luego de su paso por el Banco del Libro, Linsabel Noguera, quien es comunicadora social (UCV), actriz, narradora oral, promotora de lectura, locutora y mamá, se dio cuenta que muchas veces los espacios públicos no permitían que los padres se sintieran a gusto y seguros con sus hijos. 

"El espacio que yo necesito, yo misma lo voy a crear", se dijo en 2008 y desde entonces, con la organización que ideó, La Rana Encantada, se dedicó a contar cuentos en plazas y parques. De la mano de la narración oral llegó todo un ejercicio de ciudadanía. 

"Propicias espacios de encuentro, de contención, donde te sientes en confianza para conectarte con la gente. Se da un intercambio de ideas, promueves la conciliación. Se sanan las relaciones con tu familia, con otros y con la ciudad. Las personas empiezan a valorar el espacio donde te reúnes en grupo a oír cuentos, haces tuyo ese lugar, traspasas las barreras del egoísmo y te haces ciudadano".

La experiencia pedagógica de promover la lectura y expresiones artísticas en la calle también ha fomentado "espacios de crecimiento familiar, de creatividad, diálogo y empatía". Con el programa Ríe, La Rana Encantada lleva el arte y la literatura de manera gratuita a niños con alguna discapacidad, visitan casas hogares, refugios, hospitales. Postales para la Paz es otra de las iniciativas que invita a los pequeños a verbalizar su concepto de paz, acompañado con una imagen. "Con sus palabras sencillas, los niños te dicen cosas muy profundas", dice Noguera, quien también ha ideado un programa de donación de libros e instalación de bibliotecas infantiles en zonas populares. 

Para autogestionarse, La Rana Encantada realiza talleres por los que cobra montos módicos en la Hacienda La Trinidad y [gratuitos] en la Ludoteca de Los Palos Grandes. 

Más detalles en: @ranaencantada y wwwlaranaencantada.com

5.1.16

¡Juguemos con Los Reyes!

Descarga la base para imprimir aquí
y para ver la imagen más grande visita nuestro Pinterest


¡Llegan Los Reyes! De regalo te dejamos un libro que puedes hacer en casa reutilizando materiales para que juegues con tus #pitoquitos.

Necesitarás:

1 caja de ceral o cartón similar .
Papel autoadhesivo (contact) transparente.
Regla
Tijera
Pega
La hoja con el .pdf imprimible
Creyones de cera
Toallitas húmedas (baby wipes)

Pasos:

1. Imprime la hoja y córtala por la mitad siguiendo las guías.
2. Corta un rectángulo del cartón que uses que cubra una de la mitades de la hoja impresa. Luego, recorta el rectángulo para hacer dos cuadrados del mismo tamaño y pégalos uno al lado del otro con una banda de papel reciclado. Esta será la base para darle soporte al papel y armar el libro. 
3. Pega uno de los rectángulos impresos sobre el cartón base. 
4. Pega el otro rectángulo impreso y deja secar. Una vez seco dobla por la mitad, cuidando que la portada quede hacia el lado externo.
5. Recorta los sobrantes de papel y escribe en la portada el nombre de tu bebé.
6. Forra ambas caras con el papel autoadhesivo transparente, cuidando que no queden burbujas.
7. Recorta el exceso de papel transparente.
8. Pinta y borra cuanto quieran.

Usa un creyón de cera, mientras más grueso mejor para las manitos de tu bebé. Y después de garabatear, esas toallitas húmedas que se secaron funcionan perfecto para borrar y ¡volver a empezar!

En la contraportada te copiamos nuestra versión de la letra de "Parranda", un aguinaldo venezolano para que cantes en familia y celebres el Día de Reyes con música.

Con este libro hecho por ti estimulas la motricidad de tu bebé, los primeros acercamientos al agarre del lápiz y el libro, las primeras nociones de borrar y rehacer, el vínculo con lo que se lee y se disfruta y la conexión afectiva con el libro y la lectura. Y si se moja, no le pasa nada. 

Si el mejor regalo para un niño es un libro, ¡imagina un libro hecho por ti! 

¡Que lo disfruten juntos! 

1.1.16

366 oportunidades


¡Feliz 2016! ♥

Cada año el calendario abre con la celebración del "Día Mundial de la Paz", una celebración propuesta por el Papa Pablo VI en enero de 1968 como un incentivo para la expresión de aquellos que reconocen "cuán hermosa e importante es la armonía de todas las voces en el mundo para la exaltación de este primer bien, que es la Paz."


Desde el amor y la solidaridad de cada fe, todos somos responsables de la construcción de la paz en nuestro entorno, por eso abrimos el 2016 renovando el compromiso de crear espacios para consolidar el equilibrio, la armonía, la conciliación, la empatía, la compasión y la convivencia con aceptación y respeto. 

Te invitamos a vivir el 2016 con este mismo compromiso sus 366 días. ¿Te animas?

...una pequeña acción marca la diferencia, tus manos también construyen la paz.

#PostalesparalaPaz 

#pazAdentro 

31.12.15

Semillas al viento


..lo que se va
germina en otro lugar...

Así abrimos el último día del año: con la esperanza puesta en que las semillas germinarán. Dejando ir lo que no fue, con gratitud por lo logrado, por cada encuentro y por cada aprendizaje.

Gracias a todos por su compañía, su apoyo, las confidencias y las sonrisas compartidas. Gracias por permitirnos ser parte de sus familias y quedarse también en la nuestra. Gracias por la solidaridad, la gentileza, la empatía, la confianza y el cariño.

Que el 2016 traiga armonía, equilibrio, compasión, amor, prosperidad, evolución, perdón, sabiduría y paz para ti y tus afectos.

23.12.15

Navidad en familia

El arbolito lo hicimos con el dibujo de Camila (2 años), 
lo pegamos sobre un cartón reutilizado y le agregamos 
unas estrellitas hechas con un cortador y un lazo viejo.


Navidad en familia

La alegría de compartir
se comienza a sentir
cuando viene a celebrar
la familia en navidad.

Es la luz que nos abraza
juntos bajo el arbolito,
comiendo rico en la mesa
con familia y con amigos.

Hay que compartir
con ganas de vivir.
Es época de felicidad
y gestos de bondad.

Para donde vas
disfrutas la navidad,
porque eres capaz
de apreciar la paz.

En la navidad
hay calor y hay amor.
Cuando compartimos en familia
¡todo es mejor!
  
Época de amor,
con aguinaldo y tambor
cantamos a viva voz,
recibimos la paz de Dios.                   

Este año quisimos darles nuestro saludo de navidad con los versos que Aliz, Elías, Priscilla, Camila, Emiliano, Sofía, Sebastián, Santiago, David, Guillermo, Isa, Ana, Valeria y sus familias hicieron jugando con la poesía “A la sombra del samán” en la librería Sopa de letras durante nuestro encuentro de diciembre.  

¡Feliz navidad en familia! 

Que la llegada del Niño Dios llene cada corazón de gratitud y bendiciones para cada día de este año que se despide y del nuevo año que viene. Que seamos capaces de mirarnos con empatía y compasión, para generar esa voz que #construyeArmonía y #pazadentro
:)



18.12.15

El Calvario puertas abiertas


¡Una actividad para toda la familia que nos conecta con valiosos espacios de la ciudad y nos vincula desde el arte y la tradiciones! 

"Una experiencia de reconocimiento e integración urbana, del barrio El Calvario de El Hatillo. Un acto de hospitalidad. Un encuentro generoso, con artistas de El Calvario, de El Hatillo y de Caracas. Un recorrido artístico, lleno de historias. Las puertas de las casas de algunas familias se abren para dar espacio al trabajo de algunos artistas y para mostrar las expresiones culturales del barrio: los tambores, las máscaras de los Diablos Danzantes. Los rincones se llenan de música y poesía, de actividades para niños. Un evento que se convertirá en tradición, desde la plataforma de Vive El Hatillo y con la amplia participación de estudiantes y profesores de Arquitectura de la USB, el colectivo de artistas hatillanos de Fundarvit, la Fundación VAEA, Fia Todo Terreno, Art Connection."

CRONOGRAMA DE ACTIVIDADES


05:30 AM . Misa de Aguinaldo - Plaza La Cruz
08:30 AM . Recorrido Fotográfico -VAEA- Plaza Bolívar
10:00 AM . Recorrido - Dibujo de Ciudad- Plaza Bolívar
10:30 AM . Mina Tambor y Clarín - Capilla de El Calvario
11:00 AM . Infantil - La Rana Encantada - Plaza La Cruz
11:30 AM . Infantil - Plastilinarte - UE Maria May
12:00 M . Recorrido Turístico - Plaza Bolívar
12:00 M . Infantil - Los Colores de la Música - UE Maria May
01:00 PM . Infantil - Aire de Libros - UE Maria May
01:00 PM . Recorrido Turístico - Plaza Bolívar
01:30 PM . Infantil - Utopía Portátil - Paseo Guevara
02:00 PM . Recorrido Turístico - Plaza Bolívar
02:30 PM . Música - Récipe Morado - Plaza La Cruz
03:00 PM . Recorrido Turístico - Plaza Bolívar
03:00 PM . Música - Colérico Espín - Bodega Las Flores
03:30 PM . Música - Zombis No - Plaza La Cruz
03:30 PM . Música - Zaira Castro - Balcón de Carmen Blanco
04:00 PM . Recorrido Turístico - Plaza Bolívar
04:00 PM . Música - Aquíles Baez y Ana Domínguez - Bodega Las Flores
05:00 PM . Recorrido Turístico - Plaza Bolívar
06:00 PM . Gran Parranda Navideña de El Calvario - Redoma de El Alto Hatillo. 

Aquí les dejamos el mapa-programa de la actividad, para verlo más grande pulsa sobre él. ¡Una guía para disfrutar más allá de la calle El Progreso!


Y si quieres jugar, imprime este mapa del tesoro por la parte de atrás, míralo a contraluz y ¡sal a la aventura de descubrir las pistas!


 ¡Bienvenido a #elcalvariopuertasabiertas! ¡Comparte tu experiencia con esta etiqueta! :D


Post con información tomada de los organizadores del evento: @Caracasapie @viveelhatillo
Para información y más detalles visita el evento de El Calvario puertas abiertas en Facebook

4.12.15

Gracia en las gracias

Pomagás o pomalaca (Sysygium malaccense) en floración


Maravillas que sólo se pueden apreciar al levantar la mirada para agradecer.

Leer al mundo en un árbol-mandala: conexión, centro, simetría, crecimiento, transformación... De los libros aprendimos la contemplación serena, ir al ritmo sin apurar el paso, a estar atentos a los detalles, a disfrutar el momento, a ejercer la empatía, a soltar y dejar ir, a agradecer la compañía, a tener la voluntad para cuidar lo que amamos y cambiar lo que queremos mejorar, a traducir el mundo con palabras.

Leer conecta hacia adentro y hacia afuera. Leer ayuda a crecer. A encontrar voz para lo que no sabemos nombrar y así poder decir.

Por eso te invitamos este fin de semana a construir un espacio de #pazAdentro en casa con tus niños y libros para leer, conversar y escuchar gentilmente lo que te cuentan.

La lectura se hace viva en buena compañía, ofrece una conexión afectiva que crece con el tiempo y a la cual se puede volver una y otra vez.

¡Ve por esos libros favoritos que han disfrutado en casa y arma tu picnic de lecturas! 

25.11.15

Gentileza es amor

Ilustración tomada de inspirationde.com

Hoy se celebra el Día Internacional de la Eliminación para la violencia contra la mujer, declarado por la Asamblea General de la ONU el 17 de diciembre de 1999 y que se observa en conmemoración de las hermanas Mirabal, activistas políticas, asesinadas bajo el régimen Rafael Trujillo (1930-1961), en República Dominicana.
Cada año se organizan campañas para despertar la conciencia de lo presente que está en nuestro alrededor el maltrato a las niñas y mujeres, como un llamado a abrir la mirada ante lo que se considera "normal" por tradiciones, costumbres o, simplemente, porque la violencia se ha invisibilizado con la cotidianidad. Insultar, amenazar, menospreciar, humillar, encerrar, obligar, imponer, doblegar, golpear son conductas inadmisibles para con otro ser humano.
Para conocer más de esas iniciativas, compartimos estos enlaces:
Únete, campaña del Secretario General de ONU
Brochure de Únete
"La violencia contra las mujeres y las niñas está muy extendida, por lo que todos podemos tomar medidas para acabar con ella. Juntemos nuestras fuerzas para poner fin a este crimen, promover la plena igualdad de género y crear un mundo en el que las mujeres y las niñas disfruten de la seguridad que merecen. Hagámoslo por el bien de ellas y el de toda la humanidad."
Ban Ki-moon
Secretario General de la ONU

"Estoy convencida de que si todas y todos trabajamos juntos: gobiernos, organizaciones de la sociedad civil, el sistema de las Naciones Unidas, empresas, escuelas y personas que se movilizan a través de los nuevos movimientos solidarios, seremos capaces de lograr un mundo más igualitario —un planeta 50-50— en el que las mujeres y las niñas podrán vivir sin violencia."
          Phumzile Mlambo-Ngcuka          Directora Ejecutiva de ONU Mujeres 

"Ninguna sociedad puede desarrollarse si la mitad de su población vive con miedo a la violencia y continúa sufriendo prejuicios. Es hora de recordar unos principios muy sencillos: todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos."
          Irina Bokova          Directora general de la UNESCO



Parafraseando a Mandela, el mejor antídoto contra el odio es el amor. Por eso invitamos a recordar en cada pensamiento y acción que gentileza es amor.



1.11.15

Tradiciones del más allá




¡Día de Todos los Santos y Día de muertos! Tradiciones que se celebran aquí y allá, propias, adoptadas, queridas y que honran la memoria de nuestros antepasados.

Dos libros que nos encantan son nuestra recomendación del día, ambos del Fondo de Cultura de México: "La muerte pies ligeros" y "El nombre del juego es Posada". 

El primero, en español y zapoteco, está escrito por Natalia Toledo e inspirado en grabados de Francisco Toledo. Cuenta cuál fue la estrategia de la de los pies ligeros para contrarrestar la sobre población del mundo antes de que existiera la muerte para los animales y la gente. Una historia divertida, que ofrece una mirada libre de drama y cuenta -desde la rica influencia del mito y la oralidad- por qué la muerte no se siente llegar y el chapulín (saltamontes) le agarró el gusto saltar.

El segundo es una historia en tono de humor que combina ficción, elementos de la historia y de la tradición mexicana para emparentar con el trabajo de José Guadalupe Posada. 

¿Qué otros libros te gustan para estas celebraciones?